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Entretenimiento - 05/07/2017

Cambio de hábitos para preservar la cultura

3 min Tiempo de lectura

Algunos datos antes de comenzar:

  • El acceso a contenidos pirateados desciende un 4,2 % respecto a 2015, pero el lucro cesante de la industria aumenta un 6,8 % y el número de ciudadanos que piratea se mantiene.
  • En 2016 hubo128 millones de accesos ilegales a contenidos por valor de 23.294 millones de euros.
  • Un 68 % de consumidores considera que la medida más eficaz contra la piratería es bloquear el acceso a las webs y un 61 % que sancionen a los proveedores de internet.
  • Los usuarios que han pagado alguna vez por el contenido que han descargado de páginas de piratería crecen hasta el 11 %, porcentaje que duplica el de 2014.
  • Un escenario sin piratería podría permitir crear 21.697 nuevos puestos de trabajo directos, y unos ciento diez mil empleos indirectos.

 

La entrada del siglo XXI trajo consigo la inclusión de un nuevo paradigma en lo que a piratería se refiere. Quedaron atrás los viejos corsarios que se disputaban el Caribe para dar paso a los piratas de la gratuidad cultural. Han conseguido que hoy en día veamos como algo natural no pagar por ver las últimas películas de la cartelera o por escuchar la música de los artistas más reconocidos.

Esto deja a las industrias culturales en jaque frente una piratería digital que debilita por momentos su mercado y subsistencias y que solo remontará mediante un cambio de hábito que nos permita preservar la cultura.

El problema cobra fuerza cuando socialmente se tolera o acepta el delito. La descarga ilegal de contenido se institucionalizó como “mal menor”, llevada a cabo por una parte considerable de la población. Y esto fue -y es- su mal endémico. Supone acabar con el esfuerzo, el tiempo y el conocimiento de artistas, ejecutantes, productores etc. Así como de todas aquellas personas que intervienen en el proceso creativo a los que se les niega el reconocimiento a su trabajo. Aún no se ha interiorizado una conciencia moral que señale y juzgue este delito “socialmente aceptado”. Y es que, primero se debe entender que si se quiere obtener una cultura de calidad, se debe contribuir a ella. De lo contrario, no hay futuro para la creatividad, ni incentivo para que los autores, artistas o productores continúen trabajando.

Sin embargo, también es cierto que cada vez más cobran fuerza nuevas recetas que combaten a estos piratas 2.0 con plataformas de pago online, que permiten el acceso a los contenidos con mayor calidad en música, películas, series, eventos deportivos o canales. Han basado su modelo de negocio en una técnica sencilla: simplificar el acceso al contenido, ofreciendo propuestas innovadoras, como el video bajo demanda, que nos permite elegir qué contenido ver y en qué momento, o la grabación temporal de contenidos emitidos en cualquier canal, todo ello a cambio de un precio muy atractivo. Estas ofertas suponen un aliciente al pago por el acceso al contenido que se desea consumir, y al pago por la divulgación cultural, disminuyendo las infracciones de los derechos de propiedad intelectual.

Pero esto es solo el principio ya que, hasta el momento, estas nuevas fórmulas no bastan para satisfacer la demanda de un público que exige la amalgama total de contenidos de manera inmediata. Aún queda mucho camino por recorrer. Un camino que se allanará a medida que aumente el respeto hacia los derechos de propiedad intelectual. El respeto hacia una cultura libre. Y esa meta solo se llevará a cabo mediante un cambio de mentalidad. Una denuncia social, una concienciación ciudadana. Las sensaciones son buenas y los cambios notables, lo que demuestra que poco a poco vamos progresando y que llegará un día en que la piratería, aunque no desaparezca, dejará de ser la pesadilla de muchos creadores.

 

 

Autor: Sofía Ramos Adelantado. Propiedad industrial y nuevas tecnologías de Telefónica.

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